Ágil y rápido, ¿son sinónimos?

En los últimos años el crecimiento acelerado de las startups en Medellín es eminente, y detrás de este crecimiento, podemos escuchar frases como «somos mejores, porque somos ágiles» o ¨ para qué documentar si somos ágiles¨, ¨ ¿poner un requerimiento? Con ser ágiles tenemos¨. Con el ritmo de la vida, ponemos como prioridad ser un empleado ágil, tergiversando el significado de la palabra agilidad. ¿Has escuchado esa frase que dice… “todo es válido con tal de entregar¨? Esto ha llevado en nuestras empresas al desgaste de recursos que eventualmente terminan en FATALIDAD, la pérdida de un cliente, o incluso, la quiebra.

Métodos ágiles, ¿solución para cumplir con fechas?

Ahora, ¿qué es lo que realmente buscan los métodos ágiles? Dar respuesta a los problemas que siempre nos han acompañado en los proyectos de desarrollo, brindar tranquilidad en medio de la incertidumbre por medio del aumento de control, y así, poder dar una supuesta definición que por lo general no puede ser llevada a cabo con seguridad pues no hay un requisito claro para iniciar.

Pongamos un ejemplo: Vas a la tienda y pides una bolsa de leche, sin aclarar antes, que tu madre se enferma si no toma leche deslactosada. Llegas a casa con la satisfacción de cumplir con el ¨mandado¨, pero te topas con una leche que no puede ser consumida por quien la necesita.

Para poder contrarrestar estos casos, las metodologías ágiles hablan de convivir con el cambio, aceptar la incertidumbre como parte natural y saludable en el proceso manteniendo como premisa, que los requerimientos pueden evolucionar y el proyecto se adapta a esa variabilidad.

Nuestros mandamientos o ¨el manifiesto ágil” menciona cuatro puntos esenciales para interiorizar este cambio:

1. Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas

2. Software funcionando sobre documentación extensiva

3. Colaboración con el cliente sobre negociación contractual

4. Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan

Y entonces, ¿dónde quedó la agilidad? En las metodologías tradicionales se parte de la suposición de que el cliente sabe exactamente qué es lo que quiere y se realiza una estimación sobre esto.

Quienes hemos manejado clientes durante años, sabemos que el cliente casi nunca sabe qué quiere, pues lo que tiene es un conjunto de ideas poco detalladas sobre su necesidad y durante el avance del proyecto y la interacción con el producto, termina por definir qué necesita en verdad, casi un proceso psicológico con el proyecto mismo. 

Así pues, lo que realmente representa velocidad en las metodologías ágiles es la flexibilidad y una constante adaptabilidad a las necesidades para finalmente, identificar si el camino que se pensó es realmente el correcto a seguir.

¿Realmente el cliente no sabe qué quiere?

¡Quizá sí lo sepa! Pero debes tener presente que el cliente no sabe de desarrollo o de las opciones que tiene. Por ello, te recomendamos la división de trabajo en pequeños entregables que van a ser evaluados y analizados en el camino. De esta forma, priorizas el esfuerzo en lo realmente importante, y se valida continuamente para identificar si está siendo eficiente y productivo.

¿Todo desarrollo es largo? Simplificar procesos a diferencia de lo que muchos piensan no es velocidad, pues esto solo resulta en un entregable de baja calidad. Por lo contrario, la solución es definir una forma productiva que permita liberar el desarrollo sin retroceso alguno.

Priorizar es una forma de concentrar esfuerzos y así, se pueden dejar para después los detalles. Por ejemplo, si queremos que nuestra aplicación calcule los días transcurridos desde nuestro nacimiento hasta el día actual, ya vendrá más adelante la posibilidad de compartir por redes sociales. ¿Nuestra recomendación? Contesta siempre las siguientes preguntas:

– ¿Es realmente necesario que desde el principio existan todas las funcionalidades de un producto?

– ¿Cuál es mi necesidad básica?

– ¿Qué funcionalidad afecta las demás?

Recuerda que concentrar esfuerzos en lo realmente importante, es ahorrar energía que se va a perder después en el proceso de ¨agilizar¨, y por esto, nunca olvides que:
¨No hay nada tan inútil como hacer con gran eficiencia algo que no debería haberse hecho en lo absoluto¨. Peter Drucker